lunes, 29 de octubre de 2018

Pequeños Placeres Vs Grandes Retos.


Va implícito en nuestra cultura, en la mayoría de nosotros, comer es un placer.

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Puede que no lo haya mencionado o sí, no me acuerdo. Pero uno de los efectos secundarios de la radioterapia en los laringectomizados, puede ser, no siempre es así, pero en muchos casos sí, como es el mío que, se produzca una estenosis en el esfínter superior del esófago y eso impida el paso fluido del bolo alimenticio, por tanto una dificultad para la deglución muy parecida o igual a la disfagia.

En mi caso y como es natural, ya que soy la persona que lleva en sus espaldas todos los efectos adversos habidos y por haber, así como las múltiples metástasis, incluso en los lugares más insospechados, como puede ser el corazón, tampoco podía privarme de este efecto secundario que vengo padeciendo desde más o menos marzo de 2009, digamos que cuando empezaron a aparecer los efectos reales de la radioterapia. El problema se fue agravando hasta que en septiembre de 2010 me hicieron la primera dilatación de esófago que, no es que hiciera mejorar mucho, pero sí lo suficiente como para irme defendiendo con las comidas. Como dije anteriormente: comer es un placer, por lo menos lo es para mí y, desde que estoy laringectomizado me he negado a comer a base de purés o comidas trituradas. Creo que la "Turmis" desvirtúa los sabores. Ilustro al principio de este párrafo el último control que pasé de mi tránsito esofágico en noviembre de 2017, creo que en diciembre de este año, me toca de nuevo ver cómo sigue la cosa.

En mi afán de no perder la capacidad de deglución, la poca que me quedó, me he obligado a mi mismo a comer cualquier cosa que me apetezca, a veces; muchas, con dificultad, pero como con el tiempo uno aprende lo fácil que resulta deglutir la comida y que el atragantarse no es un problema, así pues erre que erre. Y nos es por presumir, lo hago para que demostraros que uno no se puede rendir a la evidencia a no ser que esta se venza irremediablemente, pero que mientras se pueda, hay que sacrificarse aunque cada pequeño placer con el que nos deleitemos, a veces suponga un gran reto como titulo esta entrada.

Torreznos T. Romero
Esta fotografía que muestro en este párrafo es de uno torreznos de Soria que de vez en cuando me hago para suplir el deseo de la careta (morro de cerdo) que se sirve en mi pueblo y que además de que me gusta bastante con una cervecita, la echo mucho de menos, aunque esto no tenga nada que envidiarle. También me preparo de tarde en tarde un platito de oreja adobada, o unos callos, unos chuletones de ternera, unas chuletitas de cordero lechal, en fin, típicos platos normalmente incompatibles con la disfagia que, amén del placer que me produce disfrutar de ellos, unido a las dificultades, para qué negarlo, que algunas veces, unas más que otras, me producen, creo que esta actitud me mantiene en forma esa estrechez que queda en el esfínter y que a la vez me ayuda a que pueda seguir hablando con voz erigmofónica, ya que es precisamente este esfínter el que utilizamos para hablar los laringectomizados.

Y con esta otra imagen de una ración de oreja, voy a ir acabando esta entrada, porque de lo contrario se va a aparecer más a una página de gastronomía que a la de un blog de un paciente laringectomizado.

Oreja Adobada. T. Romero
Lo que quiero mostrar con esto, es simplemente que no hay que rendirse nunca, que al cuerpo hay que forzarlo y no hacerlo ni vago, ni cómodo, ni perezoso, ya que de lo contrario, va en contra nuestra.
Si mi actitud hubiera sido la de la comodidad por mi parte y comerlo todo triturado, es posible que fuera imposible, valga la redundancia de comer nada sólido y me estaría privando del placer de muchas de las comidas que me gustan y por qué no decirlo, algunas las tomo por testarudo, por pertinaz, como retos que me pongo a mi mismo diciéndome: "Esto no va a poder más que yo, me gusta y me lo tengo que comer".


Ánimo pues a todos los que sufráis de esta disfagia heredada de la radioterapia y a aprender a vivir con ella. Ya tenemos el traqueostoma y no nos va a asfixiar ningún atragantamiento, solo hay que aprender a regurgitar con más o menos destreza.

Me toca PET-TAC el próximo día 31 de octubre y el día 5 de noviembre, los resultados, ya os contaré, entre tanto... a forzar el esfínter y... ¡Buen provecho!.