martes, 25 de septiembre de 2018

Entre dos semanas y una década. ¡Tiempo regalado!

¿Es la vida en sí misma un regalo?. Seguramente es una pregunta que nunca nos hacemos ni nos planteamos, pero existen en la vida muchas posibilidades de que te ocurra un imprevisto impropio para que acabe con ella. Sin embargo vivimos el día a día como si fuéramos inmortales y solo nos preocupamos de nuestro bien estar, de ser más ricos, de tener más poder, más influencia, más guapos, de tener mejor aspecto... Vanidades a las que nos llevan nuestro día a día, nuestro entorno y todo lo que nos rodea. Nada, absolutamente nada de lo que nos rodea, nos lleva a recapacitar, a pensar que somos seres mortales y que la muerte nos puede llegar en cualquier momento de nuestra vida; es más, la muerte es la última fase de nuestra vida, si no existiera la muerte en nosotros, no estaríamos vivos.

Esta entrada va dirigida a estimular el optimismo, no la depresión, la angustia o la tristeza. El título, lo dice claramente, es la esperanza de vida que me dieron hace exactamente diez años. Y puede que me repita demasiado en este hecho, pero es tan duro que creo que diez años después, lo tengo aún pendiente de superar.

Piensa por un momento, digo esto, porque te puede ocurrir a ti algún día y como no estamos preparados, es impactante. Acudes a consulta del médico especialista (privado), elegido por recomendación y prestigio en su especialidad y, otras circunstancias que concurrieron por casualidad y que como uno piensa que la "salud es lo primero", elige o cree elegir lo mejor. Como iba diciendo, voy al médico después de haber recogido imágenes e informe del PET que me han hecho en un hospital privado al que me ha enviado este especialista, por tener, según él la maquinaria más avanzada para esta técnica de detección tumoral por imagen. Sabía que iba bastante enfermo, pero esperanzado por estar en las mejores manos que podía tener a mi alcance y que casi me había dado la misma confianza que mi especialista en Hospital Público. Eran las cuatro de la tarde de un lunes cuatro de agosto del año 2008, (corrijo, acabo de recuperar la agenda de 2008 y fue el día 7 jueves), es decir, justo hace poco más de diez años. El calor era insoportable, próximo a los cuarenta grados centígrados, esa circunstancia, unida a mi dificultad para respirar, me hacía sentir con bastante ansiedad, esperando ya en la sala de espera, para que me dijera el especialista cuando podíamos acabar con aquella enfermedad y empezar con una vida normal. Vida que si lees el blog desde el principio, no ha sido un recorrido fácil, pero que si pongo en una balanza los problemas que he tenido y a los que he ido sobreviviendo, con el placer de haber vivido el tiempo que he estado bien, como lo estoy ahora, gana por una diferencia abismal el disfrute, sin ningún género de dudas.



El caso es que la noticia fue desgarradora:
"Te quedan quince días, treinta a lo sumo y está tan extendido el tumor por tu laringe que ya no podemos hacer nada, solo tienes tiempo de arreglar los papeles".
Son ciento noventa euros, me dice la recepcionista... (sin comentarios).
¿Te imaginas ante una noticia así?. Bueno, mientras mi mujer lloraba angustiada; yo, me lo tomé con mucha calma y le dije que yo no estaba para morirme. Comencé una "peregrinación" entre médicos especialistas diferentes a los que me canalizó un oncólogo radioterapéuta conocido y que fue el que me animó a que siguiera buscando la mejor solución, antes de someterme a aquel diagnóstico tan errado. Y así fue, el resto ya lo conocéis, estoy aquí, un poco más de diez años después, disfrutando de la vida, de los viajes, de mi familia, mis nietos y de esas pequeñeces a las que no damos importancia y que nos alegran tanto el día a día. Por eso: Nunca tires la toalla, jamás te rindas. Puede que aún te quede una prórroga, un tiempo regalado, como regalada es la vida misma, aunque no la entendamos así.

El pasado viernes pasé la revisión anual de Otorrinolaringología y está todo bien. En octubre tengo de nuevo un PET a petición de mi endocrino y expectante estoy por lo que pudiera ver el aparato dentro de mi, aunque lo que si tengo claro, es que estoy dispuesto a afrontar lo que el futuro tenga preparado para mi, con la serenidad y el miedo justo que uno pueda sentir, pero nada que me amargue esta vida tan afable que estoy viviendo y que disfruto minuto a minuto.

Hasta la próxima, D.m.