jueves, 7 de enero de 2010

Visita al oncólogo radioterapeuta.

Después de pasar el fin de semana en casa y como si se hubiera tratado de un fin de semana de fiesta, llega el lunes, día en que tenía cita con el oncólogo radioterapeuta, para que estudiara el tratamiento a aplicar en la zona donde se había extirpado el cáncer, dado que la quimioterapia había sido descartada, por no existir medicamento eficaz contra este tipo de cáncer. Sirva como recuerdo que se trataba de un Carcinoma Folicular de Toroides de células claras.

En esta consulta soy advertido de las consecuencias o efectos secundarios de la radioterapia, del tratamiento a recibir, unas 30/35 sesiones en la zona del cuello, cuyo riesgo era eminente por los posibles residuos microscópicos de células de este cáncer. Como es natural firmo mi consentimiento y recibo las citas para hacer la simulación y primera fecha del tratamiento, que sería el día 3 de noviembre de 2008, para acabar a mediados de diciembre, ya que las sesiones se daban de lunes a viernes.

Entre tanto comenzaba con la radioterapia, he de decir que a pesar de mi estado, tuve un mes de octubre muy movido. También visité a mi endocrino para comentarle el tratamiento previsto de radioterapia y preguntarle su opinión por darme o descartar otra dosis de yodo radiactivo, visto que no había sido eficaz conmigo. Finalmente opina que es una pérdida de tiempo y que es mejor, efectivamente comenzar con el tratamiento de radioterapia cuanto antes. Consensuan entre todos los doctores implicados y así lo hacen. Me alegré mucho por tanto la eficiencia del oncólogo radioterapeuta, que viéndolas venir, había previsto la agenta para ello.

También en este mismo mes de octubre empecé a recibir clases de “habla erigmofónica” con mi logopeda. Esto me vino muy bien, sobre todo cuando después de mucho esfuerzo y tiempo en la primera clase logré decir “pa”.

Tener la obligación de acudir dos horas a la semana –lunes y miércoles- me venía muy bien, era como un estímulo a sentirme bien para ver que logro podía hacer ese día para hacerme entender cuanto antes, que era mi meta, por supuesto.

Pero aún estaba muy debilitado, no me atrevía a conducir, no tenía fuerzas para girar el cuello si era necesario, ni tampoco para girar el volante a pesar de la dirección asistida.

El caso es que entre todas las ocupaciones que tuve en octubre, se me fue rápidamente, casi sin darme cuenta. Me sentía cada día con más fuerzas y sobre todo con más ánimos para salir adelante, progresaba con el habla, andaba cada vez mejor, con menos dolores y sobre todo tenía el sentimiento que de ésta iba a salir.

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