jueves, 28 de enero de 2010

Pausa vacacional

El día 23 de julio tenía nueva analítica y otro TAC. Después de una enfermedad así, se siente uno más asustado que nunca, sin embargo es cuando más controlado está. Aunque a veces tanto control resulte abrumador. El caso es que el día 28 me daban los resultados y me dejarían en paz de cara a las vacaciones de verano, que en vista de los resultados del rastreo, esperábamos que fueran muy favorables.

Efectivamente cuando visitamos al oncólogo –digo visitábamos porque siempre me acompaña mi mujer-, nos recibió con la mejor de sus sonrisas, anticipando con este gesto que las noticias eran muy buenas. El nódulo del pulmón derecho seguía sin inmutarse, no había cambiado ni de tamaño, ni de aspecto. No se apreciaba nada en el cuello y la analítica era totalmente normal. Me aconsejó que fuese a algún sitio en la costa, por dos razones, la primera que el calor insoportable de Madrid no incidiera tanto en mi linfedema y por otro lado el de la humedad, puesto que un ambiente con una humedad superior al 60%, es muy beneficioso para los que respiramos a través del estoma. Reemplazándome a Diciembre para ver cómo iban las cosas un poco antes de Navidad.

Al salir de la consulta, con una sonrisa de esas que llegan de oreja a oreja, nos quedamos mirando mi mujer y yo, creo que ambos pensando en lo mismo. Y es que hacía un año que estábamos afrontando la mala noticia de la poca vida que me quedaba. Así que decidimos en ese justo instante que nos merecíamos unos días de relajo y planeamos unas mini vacaciones de dos semanas en un lugar de la costa atlántica de Galicia, allí tendríamos buena temperatura y humedad como recomendado por el oncólogo, además de buen yantar como mandan nuestras preferencias.

El problema era encontrar sitio a esas alturas del verano, sin embargo la Providencia nos ayudó y encontramos el sitio adecuado para el fin perseguido, jeje. Un sitio ideal para nosotros dos y nuestra perrita Lola, que nos acompaña siempre.

Ese descanso lo describiría como sosegado, tranquilizador, relajante y por supuesto necesario. Un balón de oxígeno para afrontar de nuevo la rutina diaria a la que volveríamos a primeros de septiembre.


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