jueves, 7 de enero de 2010

Mi primera sesión de radioterapia.

Había pasado ya por la experiencia de la confección de la “máscara” y de la simulación, todo para recibir las sesiones programadas de radioterapia, aún así, la primera sesión, con la primera colocación de la máscara… ¡acojona!. Te encuentras completamente solo, casi en oscuridad total y con la cabeza atornillada a la base donde reposa el cuerpo, con los brazos estirados hacia abajo, tensados para con un tensor que sujetas con los pies, etc. El caso es que como no sabes que es lo que va a suceder, pues claro, claro que acojona y bastante.

Máscara para fijar la cabeza y cuello en la base de la máquina.

Intentas controlar la respiración para que no se produzca un golpe de tos que te haga cortar y empezar de nuevo. Para ello intentas relajarte, pensar en cosas agradables a pesar de todo, en fin, un poco complicado.

De repente te das cuenta que en muy poco tiempo aquello ha terminado, que no sientes absolutamente nada de dolor y que vista la experiencia, te crees capaz de aguantar no treinta sesiones, sino cien si fuera necesario.

Lo peor, en principio, el desplazamiento hasta el hospital y la espera hasta entrar, que en total van a consumir como dos horas de cada tarde, demasiado tiempo, teniendo en cuenta que la duración de la sesión ha sido de unos diez minutos aproximadamente.

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