viernes, 7 de agosto de 2009

Un cambio importante en mi voz.

Por no querer perder detalle en la cronología de mi enfermedad, he omitido un detalle muy importante y que supuso un gran cambio en mi forma de hablar.

Aunque había sido advertido de que el nervio recurrente me lo tocarían y que una cuerda vocal quedaría paralizada. Nunca pensé que el cambio en la voz sería tan brusco, aún así y pensando en lo peor grabé un vídeo el fin de semana antes de la operación para tener un recuerdo de mi primera voz.

El cambio había sido muy importante, ahora hablaba con una ronquera propia y sobre todo necesitaba mucho más aire, para que la cuerda vocal que quedaba intacta, rozara con la paralizada para producir sonido. Esto a su vez me producía picor en la garganta y este picor, de nuevo tos. Al margen del tono que me había quedado, que era más bien bajo y sin poder levantar la voz. Parte de mi trabajo se desarrollaba en ambientes ruidosos y temía volver, solo por la dificultad que iba a tener para hablar en esos ambientes.

Me aconsejó mi cirujano ponerme en manos de un logopeda, para hacer un programa de ejercicios de recuperación.

Una vez acabado el aislamiento en el hospital y la semana de precauciones en casa, por el Yodo Radiactivo, empecé a ir a un gabinete de logopedia tres veces en semana, lo que veía que me venía muy bien.

Poco a poco pasaba el mes de Abril sin muchos cambios, que digamos, el rastreo del 17, mis clases de logopeda y mi abstinencia de alimentos por boca. A medida que pasaba el tiempo mi síndrome de abstinencia se elevaba, recuerdo con qué ganas miraba un vaso de agua, de cerveza, o un huevo frito. Pero por la experiencia vivida, yo tenía que ser fuerte y abstenerme, aunque el tiempo pasaba demasiado de prisa y mi plazo se agotaba.

Sí, me había puesto mi propio plazo, de nuevo el trabajo me llamaba, de nuevo había una feria profesional, pero esta vez en Alemania y si la local del 2007 no había querido perdérmela, ésta, mucho menos, por ser mucho más importante. Comenzaba a finales de mayo, y yo necesitaba estar para esas fechas comiendo alimentos sólidos por boca, sin sonda, para poder estar “tranquilamente” las tres semanas en Alemania, (dos de la feria y una para los desplazamientos de ida y vuelta). La última semana de abril, consideré que ya debía de ir probando tomar cosas. Empecé primero con el agua, el primer vaso, no podría decir si me fue bien o mal, solo recuerdo que estaba buenísima y que me bebí el vaso del tirón. Seguí al tiempo con el yogurt y a los tres días de tomar ambas cosas viendo que no ocurría nada, seguí con guisos triturados, que por cierto no saben igual que al natural, pero que a mí me servían para ir tanteando a mi fístula.

Por supuesto que de mis progresos iba informando semanalmente a mi cirujano, a quien debía de asistir para el control de los drenajes, que aún seguían abiertos. No me los iba a dejar cerrar hasta estar seguros del cierre de mi fístula. El caso es que viendo que no había problema a las dos semanas de estar comiendo sin que hubiera signos de ningún tipo, decidió dejarlos cerrar, con lo cual mi tempo se iba cumpliendo justo para estar listo para la feria.

Solo faltaban dos semanas y ahora mi objetivo era, la retirada de la sonda gástrica, con ella no me iban a dejar ir a Alemania, mi cirujano ya sabía mi intención de marcharme y supongo que con tal de quitarse un problema de encima, él estaba de acuerdo y me echó una mano a que la Dra de digestivo me retirara la sonda el jueves 22, cuando yo me marchaba el lunes 26. Felizmente mi objetivo lo había conseguido.

Tres compañeros iniciamos el viaje desde Madrid hacia Dusseldorf, en coche; sí, también por razones de logística, debíamos marchar en coche haciendo el camino en dos etapas. Cuento esto, porque fue este viaje el primer signo que yo recibí de lo débil que me había dejado todo el progreso de mi enfermedad, desde febrero hasta esta fecha. Me gusta mucho conducir y a la altura de Burgos tuve que pedir relevo, porque me sentía muy cansado. En condiciones normales, me hubiera hecho Madrid-París sin problemas. En este caso de los 1.800 Km que separan Madrid de Dusseldorf, no conduje más de 400.

Por supuesto que ya en la feria, también me di cuenta de la cantidad de limitaciones que tenía, a la hora de comer, por ejemplo, tenía muchas dificultades, no es lo mismo comer en casa, que en un restaurante, donde la elección es más limitada y menos apropiada para mi estado, en ese caso. Sin olvidar, ni mucho menos a la hora de hablar con todo el ruido que hay en una feria, era verdaderamente imposible. Y como era mucho el esfuerzo que tenía que hacer me cansaba muchísimo. No fue como yo la esperaba, así que la pasé como pude hasta mi regreso a España.

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