miércoles, 5 de agosto de 2009

Sólo una semana.

En mi casa, me encontraba bastante bien, éramos muy estrictos con el tratamiento y con la alimentación, mediante la sonda naso gástrica. La fístula parecía haberse cerrado y tenía indicado la toma de un yogurt diario y la ingesta de agua por la boca. Y justo a la semana de estar en casa, de repente el viernes 7 por la mañana, sentía que me faltaba el aire para respirar, que me ahogaba. Salimos corriendo para el hospital, recuerdo que frente a la Casa de la Moneda, no sabía qué hacer, si bajarme en el coche o continuar, pero el aire llegaba cada vez más escaso a mis pulmones, me asfixiaba. Llegamos como pudimos a urgencias, e inmediatamente me pusieron oxígeno y cortisona, notaba el alivio casi de inmediato, llamaron a mi cirujano, decidiendo éste que me tenía que ingresar de nuevo. Eran signos evidentes de una neumonía, como así lo corroboraron las radiografías y debía quedarme. No me apetecía nada pasar un nuevo fin de semana hospitalizado, pero las circunstancias mandaban y no podía ser de otra manera.

Parecía haber también cierta intolerancia a la sonda, seguramente por su paso por la garganta, muy afectada por la operación. También tenía faringitis, así a los cinco días de ingresarme me proponen cambiar la sonda naso gástrica por una sonda gástrica. El inconveniente es que debido a la fístula, no me la pueden colocar mediante laparoscopia, sino que tenía que ser mediante cirugía, que incluso podría ser con anestesia local. Acepto y el día 12 de marzo entro nuevamente en el quirófano para la colocación de la sonda. Recuerdo perfectamente cuando me hicieron la “raja” en el estómago, se quemó el cirujano con el acido gástrico que salió hacia arriba, el caso es que yo con la anestesia local iba mal me dolía bastante y decidieron dormirme del todo, ya casi al final. De ésta tardé muy poco en recuperarme, aunque como me operaron también de noche, pasé toda la noche en la UCI, para por la mañana volver a planta.

He de contar que en esta ocasión me tocó de compañero de habitación un gitano. No voy a destacarlo por su condición de gitano, -daba gusto oír hablar a D. Antonio-, sino por las visitas que recibía. Allí iban a verle en pandillas, llegaban como mínimo de seis en seis, imaginaros una habitación tan pequeña, con los dos enfermos, los dos acompañantes, más los seis u ocho visitantes y yo tosiendo y bastante fastidiado aún. Ellos son así y toda la saga familiar estaba pendiente de su salud.

Para recuperar del todo mi sistema respiratorio de la neumonía, me pusieron una fisioterapeuta para enseñarme a toser expulsando las flemas y para fortalecer la capacidad de soplo, disminuida considerablemente a causa de la neumonía.

Pasaron diez días desde el ingreso y por fin el lunes 17 me dan de nuevo el alta para marcharme a mi casa, esta vez sin autorización para tomar nada, absolutamente nada por la boca, hasta estar completamente seguros del cierre del la fístula, que como mínimo tendría que pasar una cuarentena.

Entre tanto mi endocrino, me había programado la tercera sesión de Yodo Radiactivo para el día 7 de abril. Tuve que acudir corriendo también a su consulta para explicarle mi nuevo estado y ver si existía la posibilidad de que suministraran el Yodo en forma de líquido para poder tomarlo por la sonda gástrica. Medicina Nuclear nos confirmó que era posible, por tanto, por mi parte no puse ninguna objeción a ingresar estando aislado, puesto que yo era autosuficiente para poder estar en esas condiciones de aislamiento. Así que sin más, el día 7 de abril, fui ingresado nuevamente para esa dosis de Yodo Radiactivo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario